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Recursos Económicos del Financiamiento al Terrorismo

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Por Yudy Tunjano

Panamá

El terrorismo contemporáneo surge a partir de una nueva configuración de modelos ideológicos, religiosos, políticos, culturales y económicos, distintos a los clásicos que predominaban durante la Guerra Fría; además, nace del descontento en algunas naciones de Europa, Medio Oriente, Latinoamérica y Asía, que se genera a raíz del sometimiento a estrategias políticas, económicas y militares de las potencias dominantes; y, aunado a lo anterior, de las ideologías radicales, tanto religiosas como morales[1].

La estrategia de lucha contra este terrorismo ha consistido durante muchos años en el ataque directo a la estructura de la organización, esencialmente mediante la detención de sus miembros. Como consecuencia de los trágicos atentados que tuvieron lugar el 11 de septiembre de 2001 en los Estados Unidos, se produce un viraje importante en dicha estrategia a nivel mundial, que pasa a tener como uno de sus pilares fundamentales la ofensiva sobre las finanzas de la organización. Estos atentados terroristas, junto con los acaecidos en Madrid el 11 de marzo de 2004, han sido determinantes en la actual articulación de políticas dirigidas a hacer frente a este fenómeno criminal. Entre ellas ha adquirido un notable auge la que intensifica el control de los fondos dirigidos a la financiación tanto de los ataques terroristas como de las redes terroristas [2].

 

El financiamiento del terrorismo supone un programa secuencial de manejo de fondos, recolección, provisión, financiación directa o indirecta, orientado a un sujeto especial (la organización criminal o uno de sus miembros) para incrementar su capacidad de realizar eventos lesivos[3].

El financiamiento del terrorismo consiste en destinar recursos económicos de naturaleza lícita o ilícita para apoyar actividades o grupos terroristas[4]. La financiación del terrorismo será delictiva en cuanto sirva a esos fines, coadyuvar o facilitar la comisión de actos o el sustento de grupos terroristas y ese flujo financiero o transmisión de fondos, existirá una actividad ilícita[5].

 

El artículo 2.1 del Convenio Internacional para la Represión de la Financiación del Terrorismo de la ONU de 1999, menciona quien incurre en el delito de financiación y el Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI), en la nota interpretativa de la recomendación 5, define el financiamiento del terrorismo, como el hecho realizado por cualquier persona que voluntariamente proporcione o recoja fondos u otros activos por cualquier medio, directa o indirectamente, con la intención ilícita de que deben ser utilizados, o en el conocimiento de que deben ser utilizados, total o parcialmente; (a) Llevar a cabo un acto terrorista; B) por una organización terrorista; o (c) por un terrorista individual [6].

¿Cuáles son las principales características del Financiamiento del Terrorismo

 

Que el origen de los recursos para la operación de organizaciones terroristas puede ser sean ilícitos o no; la preparación o ejecución de actos terroristas; y la obtención y destino de capitales, la subvención y flujo de recursos para la operación de las organizaciones.

 

De manera similar al blanqueo de capitales, el financiamiento es un ejercicio de distanciamiento a partir del cual se procura el alejamiento de unos determinados bienes respecto de su origen[7], lo que supondría una fase de conversión[8]; solamente que una de las diferencias es que no necesariamente en el financiamiento siempre será el origen ilícito, puesto que también podrá ser lícito. 

 

En el Lavado de Activos, los recursos de procedencia ilícita se incorporan al circuito financiero legal, más en el financiamiento no es así. En el financiamiento del terrorismo, será siempre de lo lícito a lo ilícito; o, de lo ilícito a lo ilícito[9]. Además, no todo el recurso económico recolectado, sea de origen lícito o no, necesariamente tiene que ser dinero, sino cualquier bien patrimonial (armas, muebles e inmuebles o tecnología), es decir, todo aquello que trae implícito un valor, constituirá un beneficio suficiente para sufragar los gastos inherentes al sostenimiento operacional del grupo terrorista[10]

 

¿De dónde se obtienen los recursos económicos para consumar un atentado terrorista? 

 

Según su origen, la obtención de bienes o recursos para los grupos terroristas son: los de origen lícito; los bienes provenientes de ingresos que infringen obligaciones legales y los derechamente de origen ilícito. 

 

Entre los primeros se encuentran las empresas, de beneficencia, humanitarias o altruistas, ONG ́s e Instituciones Financieras (casas de cambio, bancos). En cuanto a los ingresos ilegales que infringen obligaciones legales provienen de la diversidad de fondos legales que incumplen alguna norma para proveer los fondos a estos grupos (por ejemplo, la ayuda encubierta de algunos Gobiernos). Los de origen ilícito, se refiere a una gama de actividades delictivas que representa una fuente de ingresos para el terrorismo e incluye ingresos provenientes de cualquier delito: secuestros, extorsiones, robos, fraudes, actos de piratería, contrabando, trata de personas, lavado de activos, etc.[11]


Un ejemplo de negocios legítimos son las instituciones financieras: Al Barakaat y Al Taqwa/Nada Management Group a las que, en septiembre de 2001, las autoridades estadounidenses congelaron sus fondos, ya que giraban 500 millones de dólares en beneficios a la oficina de compensación con sede en Emiratos Árabes Unidos, de los que Bin Laden recibía un 5% neto (25 millones de dólares). También Bin Laden, durante sus estancias en Afganistán y Sudán, promovió grupos de empresas, la mayoría dedicadas a la importación y exportación de bicicletas en Azerbaiyán, de camiones en Rusia, de tractores en Eslovaquia, automóviles en Dubái, así como de fertilizantes, azúcar, hierro, insecticidas y material eléctrico.

En cuanto a las Organización no Gubernamentales u Organizaciones sin fines de lucro, los estudios realizados por el GAFI señalan que las que tienen mayor riesgo de abuso por parte de las organizaciones terroristas son aquellas que están involucradas en actividades de “servicios” y que operan cerca de una amenaza terrorista activa [12]. Las organizaciones sin fines de lucro que envían fondos a sus homólogas o “corresponsales” que se ubican en las zonas donde operan los terroristas o cerca de estas son vulnerables a la explotación. En estos casos debería aplicarse procesos de debida diligencia a las homólogas o corresponsales para conocer cómo se utiliza el dinero que se dona, de lo contrario el uso de las donaciones puede ser débil y pueden estar en riesgo de ser desviadas a organizaciones terroristas [13].

 

El dinero en efectivo continúa siendo un aspecto predominante de las operaciones terroristas. Según el informe del GAFI sobre FT en África Occidental, en casi todos los casos estudiados se utilizó efectivo y los presuntos terroristas solían tener en su poder grandes cantidades de efectivo. Si bien, los fondos se pueden recaudar de diferentes formas, por lo general, se convierten en efectivo y se llevan a las zonas de conflicto. Esto se ve favorecido por fronteras nacionales porosas, la dificultad para detectar el contrabando de efectivo (especialmente las cantidades pequeñas que se suelen traficar con fines de FT) y la existencia de economías informales y no reguladas [14].

 

De acuerdo con la revista Forbes International[15]. que compiló en una lista los diez grupos terroristas más opulentos, sus ingresos oscilaban entre por lo menos 25 millones y hasta más de 2,000 millones de dólares por cada organización terrorista. 

A diferencia de las grandes organizaciones terroristas, las pequeñas células y los terroristas individuales solo enfrentan necesidades financieras menores debido a que los costos de los atentados terroristas suelen ser bajos. Al ser actores solitarios y redes pequeñas de células terroristas, tienen una necesidad de recaudación de fondos mucho menor dado que no controlan territorios, no alinean milicias convencionales, no participan en reclutamiento ni operaciones de propaganda, no operan puestos de control ni brindan servicios sociales[16]. Por ejemplo, los atentados contra Charlie Hebdo y la tienda kosher en París, perpetrados con armas, no requirieron de una cantidad sustancial de fondos. Dado que ninguno de los tres terroristas involucrados contaba con un trabajo regular al momento de los ataques, según las autoridades francesas sus fuentes de financiamiento fueron: un préstamo de consumo de seis mil euros, obtenido y cobrado con documentos falsificados; el producido de la venta de un auto usado; y, las transferencias en efectivo que recibieron por la venta de productos falsificados [17].

 

Del tamaño que sea el grupo terrorista, la administración financiera suele producirse dentro de refugios seguros geográficos o dentro de redes sociales, por lo que es muy difícil penetrar e influir a estos actores de forma directa[18]. El seguimiento del rastro financiero y el conocimiento de la forma en que todos los tipos de organizaciones terroristas, ya sean grandes organizaciones basadas en el territorio o pequeñas células que operan de forma autónoma, necesitan, utilizan y administran los fondos fundamentales para la detección, prevención y sanción de las actividades terroristas y del financiamiento del terrorismo. 

 

 

Yudy Tunjano Gutiérrez

 

Abogada colombiana y chilena, Magíster en Derecho de la Empresa de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Máster Compliance Officer de la Universidad Complutense de Madrid, España. Diplomada en SARLAFT y Compliance, Universidad de la Sabana, Bogotá, Colombia. Certificada como Internal Auditor ISO 9001:2015 / Risk Manager ISO 31000:2018 / Lead Implementer y Auditor ISO 37001:2016 y /Lead Implementer y Auditor ISO 37301:2021 Miembro del Comité Espejo ISO/TC 176 – ISO/TC 262 – ISO/TC 309 del Ministerio de Comercio e Industrias de Panamá.

 

Cuenta con más de 20 años de experiencia en el área legal y de compliance en cumplimiento normativo, gobierno corporativo y en el diseño e implementación de programas de sistemas de gestión de riesgos bajo los estándares internacionales ISO en empresas multinacionales en Chile, Colombia y Panamá. 

 

Directora de VIVE COMPLIANCE MAGAZINE. Conferencista sobre temas de cumplimiento y escritora en revistas jurídicas y de compliance.

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