Por Valeria Sandoval
Con frecuencia los encargados de las áreas de cumplimiento de las Entidades encontramos serios problemas de financiamiento al servicio de nuestra área, específicamente, los profesionales que nos desempeñamos como Oficiales de Cumplimiento en materia de Operaciones con recursos de Procedencia Ilícita y Financiamiento al Terrorismo, enfrentamos una resistencia constante y sonante en la participación de dicho financiamiento a nuestra extensa labor. Dentro del desempeño de nuestras funciones no se encuentra la responsabilidad de cerrar buenos negocios, tampoco nos encargamos de captar clientela para nuestra institución financiera, y mucho menos, basamos nuestros logros en metas que se traducen en comisiones, de ahí que, lejos de ser vistos como un soporte a la empresa y al sistema financiero, nuestra presencia significa un “gasto innecesario”, es decir, una carga más al empresario.
Es verdad que, todo propósito de una entidad dedicada a la captación y/o colocación de recursos, es la de generar las más ganancias posibles (como todo emprendimiento), por eso, en la búsqueda de “maximizar” el capital, se cae en una estrategia caracterizada por hacer el menor gasto posible tratándose de cumplimiento, sin darse cuenta de que a largo plazo resulta más perjudicial para su negocio, tan es así que las multas que la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) impone, han presentado un crecimiento e históricamente, de acuerdo a una nota del medio Expansión, sus sanciones han arrojado una de las más costosas dentro del primer semestre del año en curso por un monto cercano a los 8 millones de pesos. Ahora bien, no estoy afirmando que las multas van a dejar de existir, lo que estoy afirmando es que el monto y su frecuencia de las sanciones podrían disminuir considerablemente si dentro de la organización se tiene un equipo adecuado de cumplimiento normativo, hablando de controles internos y gestiones administrativas, y más específicamente, de prevención de lavado de dinero.
Las funciones de un Oficial de Cumplimiento son asignadas una a una por las Disposiciones de Carácter General. Sin excepciones, se marcan todas las obligaciones a las que queda sujeto; hacer las gestiones necesarias para el funcionamiento del área, mantener actualizado el manual de cumplimiento, coordinar las investigaciones y monitoreo de operaciones, dar seguimiento a las resoluciones del comité, por mencionar algunas.

En la práctica, comúnmente el Oficial de Cumplimiento asume la organización, confección y, por tanto, toda la responsabilidad que trae aparejada su posición ante la Comisión Nacional Bancaria y de Valores y, en el caso de las Entidades sujetas a un régimen prudencial y de PLD, a la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros, lo que implica una labor considerablemente grande por cuanto a la carga de trabajo administrativo y que no siempre es sencillo de cumplir y, a menudo, son tareas que desempeña solo, lo que mecánicamente a largo plazo hace crecer el riesgo de una multa por incumplimiento, por la sencilla razón de que la acumulación sin distribución y asignación aumenta el margen de cometer errores, por ello, es necesario tener un equipo de coordinación robusto en el que la gestión de obligaciones deje un margen cercano a cero del riesgo de una multa por incumplimiento.
Otro costo no visible de un área carente en recursos y personal, se hace visible cuando existe la oportunidad del Oficial de Cumplimiento de posicionarse en una Institución diferente que le ofrece un sueldo más atractivo, un equipo legal más completo o un campo híbrido de desempeño laboral y toma la decisión de irse. El área que deja, la deja en manos de personal que, normalmente, no tiene el conocimiento, capacidad técnica, interés, pericia y el back round de las gestiones diarias del área, lo que incrementa de forma importante la comisión de errores y, por consiguiente, aumenta el riesgo de multas y sanciones que pudieran derivar en cuestiones graves para la Entidad, por lo que, contar con un equipo organizado que tenga los antecedentes del manejo de ejecución de tareas diarias es imprescindible, aunque parezca que no.
Asumiendo un poco de responsabilidad social, también existe un riesgo oculto, verán, cuando me propuse a especializar mis conocimientos legales del sistema financiero dentro de la prevención de lavado de dinero no había dimensionado la gravedad del problema, en realidad, solo tenía la intención de alimentar mi curiosidad naciente a raíz de un artículo que encontré por mera casualidad en el que se hacía una breve reseña del uso de “productos derivados” para el lavado de dinero y nada más, sin esperar que este camino me llevaría a encontrar una realidad más compleja, triste, aberrante y dolorosa. Cuando obtuve mi primer empleo en una Entidad muy grande (una de las más gigantes del país) como analista de operaciones bancarias, tuve la oportunidad de ser instruida por la persona que me había reclutado. En dicho proceso, al cierre de la capacitación compartió conmigo y un grupo de jóvenes empleados una entrevista realizada a manera de ”podcast” en el que la entrevistada era una especialista que comentó sobre el procedimiento de investigación que los llevó al descubrimiento de una fosa en la que encontraron los restos de infantes cuyas necropsias arrojaron que habían sido víctimas de explotación de tipo sexual…meses después, en otra Institución, encontré a una persona que presenció dicha investigación, quién me aseguró, de primera mano que, ni siquiera estaban buscando lo que encontraron, así de complicada es la realidad que tenemos.
El dinero obtenido mediante prácticas como estas, son la razón por la que existe una estructura de Prevención de Lavado de Dinero ¿es imperfecto? Sí, ¿requiere ajustes? Probablemente, ¿es infalible? Absolutamente no. No se trata de un capricho en el que se quiera imponer una serie de obligaciones a las Instituciones porque sí, sino porque la participación de las Entidades Financieras es crucial a la hora de la persecución y determinación de responsabilidad penal en una sociedad en la que todos vivimos. Completan con sus piezas un rompecabezas enorme. Situaciones como esta se replican día con día, casi cualquier ilícito requiere el ocultamiento del fruto obtenido del daño que se le generó a alguien, de la clase de daño del que, aunque parece lejano, nadie está completamente exento… ¡Qué no sea tu Institución parte del encubrimiento!
Nota de la autora: Si deseas el documento con la entrevista que se menciona en el presente artículo, házmelo saber mediante mensaje vía LinkedIn por mensaje privado https://www.linkedin.com/in/valeria-sandoval-becerril-946095177/